Cuando al Che lo hicieron
COMANDANTE

IBA 1957 por los mediados cuando
el mando del Ejército Rebelde decide formar una nueva columna y encargar de su
dirección, con el grado de capitán, a Ernesto Guevara. “Ramiro Valdés
pasaba a ser capitán y con su pelotón entraba en mi columna —escribiría Che
años más tarde—, también Ciro Redondo era ascendido a capitán, mandando
otro pelotón”.
Como segundo jefe de la columna fue designado Lalo Sardiñas, quien capitaneaba
también la vanguardia. El destacamento guerrillero estaba constituido por 75
hombres. Sin armas, descalzos, casi desnudos, los demás compañeros les llamarían
Los descamisados del Che, El desalojo campesino...
“Lo primero que hacemos es una práctica de tiro —confesarán a un
periodista varios fundadores de la columna décadas después—, y solo Ciro
Redondo da en el blanco. El Che se sube en una piedra y dice con esa ironía tan
suya: Tengo a la gente lista para el combate.”
También por aquellos días, llegaban del Llano noticias terribles: el fracaso
de la apertura de un segundo frente guerrillero en la Sierra Cristal, plan
concebido desde inicio de 1957 por Frank País, y la muerte de tres valerosos
combatientes clandestinos en las calles de Santiago de Cuba: Josué País, Floro
Bistel y Salvador Pascual.
Acerca de esto último, Fidel escribiría a Frank: “En una hoja aparte va un
sentido y emocionado testimonio de solidaridad que nuestros oficiales te hacen
llegar en nombre de todos los combatientes. Nos hirió de cerca y muy hondo el
cruento zarpazo. Enardeció los ánimos y no es poco lo que ha influido en el
tremendo espíritu combativo de estos días”.
TESTIMONIO DE SOLIDARIDAD
Fragmentos de la carta enviada por los combatientes del Ejército Rebelde al
compañero David (Frank País).
Querido hermano:
En circunstancias como estas es difícil encontrar las palabras, si las hay,
para expresar un sentimiento tal como lo experimentamos en lo más profundo de
nuestras almas. Tal vez un fuerte y silencioso abrazo podría sustituirlas y
expresar aún más. No pudo ser el abrazo, igual que a ti tampoco te fue posible
ver a tu heroico hermano por última vez, por estar en tu puesto de combate.
Si el destino nos lo permite, juntos iremos un día a su tumba para decirle a él
y a toda esa legión de Niños Héroes, que hemos cumplido con esta primera
parte de la lucha y que con la misma entereza y espíritu de sacrificio nos
disponemos a culminar la obra de nuestra generación, teniéndolos a ellos como
fiscales supremos de nuestros actos futuros.
(...) Todos admiramos el valor sereno con el que afrontaste las amarguras de
esta semana trágica. Para nosotros, los revolucionarios, el desahogo está en
la lucha.
(...) Estamos muy orgullosos y contentos contigo por lo bien que estás
dirigiendo todos los trabajos. Y en cuanto a la Sierra, cuando se escriba la
historia de esta etapa revolucionaria, en la portada tendrán que aparecer dos
nombres: David y Norma (Celia Sánchez).
Sierra Maestra, julio 21 de 1957.
PONLE COMANDANTE
La anterior carta la firmaron todos los oficiales del Ejército Rebelde que
sabían hacerlo, cada uno en su respectiva columna. Al poner los grados de los
componentes de la segunda de ellas, relataría el Che, Fidel ordenó
simplemente: “Ponle comandante”, cuando iban a poner el suyo.
“De ese modo informal y casi de soslayo, quedé nombrado comandante de la
segunda columna del Ejército Guerrillero, la que se llamaría número 4
posteriormente... La dosis de vanidad que todos tenemos dentro hizo que me
sintiera el hombre más orgulloso de la Tierra ese día. El símbolo de mi
nombramiento, una pequeña estrella, me fue dado por Celia, junto con uno de los
relojes de pulsera que habían encargado a Manzanillo.”
Al nuevo destacamento guerrillero le encomendaron tenderle un cerco a una tropa
enemiga, pero esta ya se había alejado de la zona. Su primera misión
victoriosa fue el asalto y toma del cuartel de Bueycito, el 31 de julio de 1957.
Un día antes, en Santiago de Cuba, era asesinado Frank País.
Los integrantes de la columna 4 no sabrían la noticia hasta que regresaron a su
campamento serrano. Che escribiría años después: “De tal manera acababa una
de las vidas más puras y gloriosas de la Revolución cubana... Con Frank País
perdimos uno de los más valiosos luchadores pero la reacción ante su asesinato
demostró que nuevas fuerzas se incorporaban a la lucha y que crecía el espíritu
combativo del pueblo”.
EPILOGO DE UNA ESTRATEGIA
La trayectoria combativa del Che en los primeros reveses y acciones
victoriosas, sus cualidades personales, determinaron para que Fidel depositase
en el médico argentino responsabilidades superiores.
“Fue así como se ganó los grados de Comandante y jefe de la segunda columna
que se organizara en la Sierra Maestra; fue así como comenzó a crecer su
prestigio, como comenzó a adquirir su forma de magnífico combatiente que hubo
de llevar a los grados más altos en el transcurso de la guerra”, expresó el
Comandante en Jefe.
El Jefe de la Revolución veía en él no solo al soldado valeroso y audaz, sino
también al maestro y educador de nuevos combatientes y al artista de la guerra
revolucionaria que meses después protagonizaría extraordinarias proezas
militares: la invasión con Camilo y la fulminante campaña de Las Villas que
culminó con el ataque y rendición de Santa Clara.
En él estaban presentes, además, las enseñanzas de la Sierra Maestra, que
luego se multiplicarían en nuevos jefes y destacamentos guerrilleros que
trasladaron a todo el país, junto a las tácticas y estrategias, las
convicciones revolucionarias y unitarias desarrolladas por Fidel.